Sí; es un momento triste. Quizá, el más triste de nuestra historia. La patria está herida, muy dolida. A la derecha la ha cegado la avaricia. No quiere ver ni oír. No se da cuenta el daño que le está ocasionando al país. La del imperio, es una estrategia de largo plazo. Tenemos que revertirla, derrotarla. No seremos nunca colonia norteamericana. Seremos en México una nación libre y soberana. Por eso, metieron todo en el paquete. El nuevo PRI salió bravo. Hasta el asunto educativo, que tiene que ver con la formación de nuestros niños, a quienes, desde el kínder, se les inculcaba el amor al petróleo; y la fecha del 18 de marzo de 1938 se enseñaba con impactante e impecable mística.

 

Sí; es un momento triste. Pero, no es hora de lamentos, ni de lágrimas, ni de quejas, ni de tristezas, ni de depresiones. El momento es de lucha. La respuesta debe ser contundente. Vamos por el rescate del petróleo. No para mañana, o pasado mañana, para hoy, pero, a la voz de ¡ya!

 

Al General Cárdenas no le podemos fallar.

 

Los senadores son unos vendepatrias, claro, con sus honrosas excepciones. Ahora, tenemos que pelear en la Cámara de Diputados. Vayamos a San Lázaro. Estemos al pendiente de lo que allí pase. Ojalá se diera el milagro. Hagamos votos porque los diputados le den pa´tras a la minuta llegada del Senado. Dicen en mi rancho que el perdido a todas va. Aclarando: no es que estemos perdidos, sino que, en todo proceso histórico, se tienen que agotar todas las instancias. Ésta, la de la Cámara de Diputados, es otra instancia. Tenemos que agotarla. Luego seguirán los congresos locales. Allí también hay que estar. Demos la batalla en todas las sedes de los poderes legislativos de las entidades de la república. Por último, apostémosle al veto presidencial. Peña Nieto podría reivindicarse si vetara esta contrarreforma que entrega a la patria y regresa el petróleo a las compañías extranjeras. Aunque pareciera una ingenuidad pretender tal cosa; sería como pedirle peras al olmo. Pero, en fin, se tienen que agotar todos los pasos, absolutamente todos, incluyendo éste, que parece una infantilada, la de Peña Nieta, vetando lo que él mismo propuso.

 

Agotadas todas las instancias, cumplamos con nuestro deber. Vayamos a la lucha. Agarremos como guía la estrategia victoriosa de Mandela, uno de los visionarios más destacados alumbrados por la humanidad. Combinemos todas las formas de lucha. Y, aquí, que nada ni nadie nos asuste. Y que nadie tampoco se asuste. El artículo 39 de nuestra Constitución establece con absoluta claridad que la soberanía nacional radica en el pueblo y que, éste, en todo momento tiene el derecho inalienable de cambiar o alterar las formas de su gobierno.

 

 El petróleo lo tenemos que rescatar, al precio que sea necesario. Es muy grave lo que decidieron los senadores. Les va a costar caro. Ni modo, tienen que pagarlo. Se los advertimos. Esa se llama traición a la patria. Y la traición a la patria se paga con un castigo ejemplar. Estos legisladorcillos de pacotilla vendepatrias tienen que pagar el delito cometido al igual que los iniciadores del proyecto.

 

No es posible que los yanquis y los ingleses nos dejen sólo cavernas, como ya ocurre en suelo norteamericano, donde sólo cuevas van quedando donde anteriormente fueron ricos yacimientos de hidrocarburos, lo que les ha ocasionado fuertes problemas ecológicos, del medio ambiente y naturales. Que lo hagan allá ellos. Aquí, no. Este suelo es nuestro. Este es suelo mexicano. Y es sagrado. Aquí no se mete nadie. Este suelo es nuestro, de nadie más y lo vamos a cuidar hasta con las uñas.

 

No les quepa la menor duda.

 

Creen los yanquis y los vendepatrias de aquí, que nos van a fraccionar como pueblo mexicano. Les saldrá el tiro por la culata. Este pueblo se va a unir más. La entrega del petróleo va unir más a México. Van a cohesionar a 117 millones que somos de aquí y que aquí vivimos. Ya lo verán.

 

EL ATRACO ¡NO PASARÁ!

 

Blog del autor: https://miguelgonzalezibarra.wordpress.com/

            Twitter: MGonzalezIbarra

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