Que nadie lo dude. Allí están Hidalgo, Pancho Villa y el General Cárdenas.

 

En vivo y en directo se ven las cadenas rotas de la esclavitud que el Padre de la Patria partió con su grito de Dolores.

 

Retozando y creando  poesía  en el asfalto de la gran ciudad el Siete Leguas del Centauro del Norte.

 

Y muy fuerte se escucha el conmovedor, firme e inconfundible timbre de voz del Hombre de Jiquilpan leyendo el Decreto de Expropiación aquel siempre recordado 18 de marzo de 1938.

 

Están estos tres grandes de la nación en el cerco humano de patriotas que custodia el petróleo mexicano en el Senado de la República.

 

Convertidos en piltrafas los legisladores de la derecha priista y panista, así como los representantes de las membresías satélites. Acceden al recinto con la cola entre las patas, sin ver de frente, con la cabeza agachada, mirando al piso, porque no pueden ver hacia el horizonte, como se comportan los delincuentes que cometen los delitos de traición a la patria y lesa humanidad, siempre, empujados por los cuerpos policiacos, que les cuidan las espaldas, sus costados y la cara.

 

Triste papel, tanto el de los parlamentarios del fascismo y las fuerzas del “orden”.

No son poquitos; son miles y miles de gendarmes; lo que eso le cuesta al país; es la seguridad más cara que nos ha tocado vivir; para proteger a vendepatrias y fascistas; qué desdicha, qué desgracia, qué contrariedad.

 

Y los senadores depositados en hoteles ubicados a pocos metros del recinto sede, para tenerlos a la mano, seguros, prácticamente secuestrados; qué vergüenza, qué ignominia, cuanta burla, cuanta felonía traición y engaño.

 

El pueblo de México, atento; a la expectativa; observando; de lado de los patriotas que hacen y protagonizan el cerco. Listo para actuar. En el momento preciso. En el instante que se ocupe. Como lo hizo en 1810, 1910 y 1938.

 

“Esto no se queda así”, dice México, al reiterar que el petróleo es nuestro y su rechazo a la demencial pretensión peñista-priista-panista de cambiar el texto del 27 y 28 de la Constitución y, así, abrir de par en par, la puerta a las compañías petroleras que estaban antes del acto cardenista y, otras más, que, igual, están relamiéndose como pirañas diabólicas y con la uñas largas.

 

“Utilidad compartida” le llaman pomposamente los traidores. Es la entrega de la patria, responde el proletariado mexicano. “Le urge al país”, dicen los que regresaron al aparato del Estado luego de doce años de “alternancia”. Son los compromisos que ustedes tienen, contrajeron y asumieron en la obscuridad y de espaldas al pueblo, con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a cambio de su regreso a Los Pinos, les contestan los trabajadores del país.

 

Los maestros de la CNTE también fijan su posición ante la Embajada yanqui en el Distrito Federal advirtiéndoles que el petróleo no se lo llevarán; los hidrocarburos se quedarán aquí como ha sido desde hace 75 años, es la vertical e inclaudicable consigna de los trabajadores de la educación.

 

Así, pues, EL CERCO es, en suma, el símbolo de la patria, quintaesencia de la nación e imagen y bandera de la república.

 

Todo México está en EL CERCO. Todo México está con EL CERCO.

 

Es EL CERCO a los vendepatrias del PRI y del PAN. Es EL CERCO a los fascistas. Es EL CERCO a los yanquis. Es EL CERCO al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial.

 

¡No pasarán!

 

Blog del autor: https://miguelgonzalezibarra.wordpress.com/

            Twitter: @MGonzalezIbarra

 

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