En buena hora que un importante sector del proletariado mexicano decidió constituir un agrupamiento que dispute el poder político en nuestro querido país. Tal destacamento se denomina Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT).
Para ser rigurosamente justos, la autoridad electoral, en automático, debería reconocerle sus derechos y entregarle ya su carta de registro.
Una de las corrientes del pensamiento nacional que está en el proyecto, actúa en la vida de México, desde 1914; le faltan 365 días para cumplir cien años, un siglo de vida; y, siempre, desde entonces generosamente ha estado aportando, construyendo, formando, haciendo país y edificando patria.
Esta expresión, es el glorioso Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), cuyos participantes del proyecto político, lo hacen de forma individual, aun cuando no se les puede desprender de su organización laboral de origen.
Tal hecho bastaría para que el Instituto Federal Electoral otorgara a OPT, de inmediato, su reconocimiento legal.
De este modo, la organización, contaría con todos los derechos de participar en la batalla histórica por el poder de la república. Tal cosa, en términos simples, sería muy benéfico para el país. Aunque, desde una óptica profunda, esa sería, como será, la salvación de México. Y aquí, vamos todos. Hasta los adversarios y enemigos del pueblo, serán salvados.
Por la vía del sufragio también se gana el poder político como se está demostrando en América Latina. Por la vía del sufragio, consecuentemente, se resuelven problemas nacionales, pero, igual, asuntos sociales.
El conflicto de Luz y Fuerza y el Sindicato Mexicano de Electricistas es político, tiene su origen en el carácter del Estado mexicano por lo que éste representa. A esto se agrega el atropello, por parte del gobierno, al magisterio y a la escuela pública; la entrega de territorio al abrir el candado constitucional para vender playas, costas y fronteras; y, la cereza del pastel, el petróleo, madre de todas las batallas para los mexicanos; por citar sólo algunos elementos.
El problema, redundando, es de orden político. Es sano repetir: el poder político se disputa y gana también por la vía del sufragio. Las elecciones, como cualquier otro método, incluyendo la violencia revolucionaria, es una forma de la lucha de masas. Sin las masas, nada se gana, por cualesquiera de las vías.
A la demanda de empleo y mejor salario, como demandas sociales, por citar sólo éstas, los trabajadores mexicanos tienen que entrelazar la cuestión del poder político. Ese momento ha llegado. Nunca hubo una hora tan propicia para amalgamar lo social y lo político, como ahora.
Así pues, las expresiones que concibieron el proyecto OPT, han acertado, están interpretando correctamente la realidad concreta del país, sin apartarse, por supuesto, de los sucesos continentales y mundiales.
El SME, siendo el corazón del pueblo mexicano, y las demás fuerzas promotoras de este partido nacional, cuentan con el apoyo y solidaridad de la ciudadanía de la nación, para concretar el propósito. Las reglas impuestas por la ley neoliberal —no por el principio constitucional que viene desde 1857 y ratificado por el Constituyente de Querétaro en 1917— la OPT las salvará. No hay duda de ello. Resolvió la primera asamblea, en el Estado de México. En lo que resta del presente noviembre, están programadas nueve más, para, así, llegar al cincuenta por ciento de las que pide la mañosa, truculenta, antidemocrática y anticonstitucional reglamentación.
La Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT) es un proyecto inédito. Necesario. Urgente. Diríamos: de salvación nacional.
Es el instrumento de los trabajadores mexicanos, que urgía, que con ansiedad se esperaba. El modelo actual lo que hace es destruir la naturaleza y allí vamos los pueblos y el ser humano, hablando en términos de toda la especie humana. Esto lo dice todo. Tenemos que cambiar, que transformar, radicalmente, a la voz de ya, no para mañana, sino para hoy, siendo exagerados, dada la gravedad de la situación nacional, para ayer. Brochazos, no. Maquillajes, tampoco. Pinceladas, no resuelven nada. México ocupa un cambio radical y profundo. Eso sólo lo pueden hacer los trabajadores, que son los creadores de la riqueza.
Los trabajadores mexicanos tienen que construir la patria de los trabajadores. La patria de los trabajadores es lo único que podrá garantizar una vida a plenitud como trabajadores, como humanos. La patria de los trabajadores se construye a través de la guía del instrumento político de los trabajadores. Esto, ni más ni menos, es la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT), definitivamente, la salvación de México

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