Alberto Patishtán Gómez está en libertad. Trece años preso. Detenido por defender los derechos del pueblo.
Maestro indígena tzotzil. En prisión fue símbolo de resistencia. Allí fue hermano de los encarcelados. Enseñó el alfabeto e ilustró a los detenidos, muchos de ellos también privados de su libertad injustamente, compartiendo sus conocimientos sin reservas.
Igual, curó a los enfermos y defendió a los prisioneros como el mejor de los abogados.
Una década más treinta y seis meses en la cárcel lo doctoraron como psicólogo comprobándose aquí una verdad científica de que la práctica hace al maestro.
Fue también sacerdote, de los buenos, de los que ofician la iglesia del pueblo, esa religión que contribuye tremendamente a la liberación de las comunidades tal cual está ocurriendo en diversos países de la América Latina.
En suma, en la cárcel fue un líder de ese que también es pueblo. Ya era líder del pueblo, por eso lo detuvieron sin que quienes ejecutaron la consigna, presentaran la orden de aprehensión.
Quedó libre. Fueron las grandes masas quienes lo excarcelaron. Las de Chiapas, pero también de todo el país. Aunque las voces que exigieron su libertad se escucharon por todo este continente y los diversos rincones del mundo.
La lucha para Patishtán, sigue, con la misma intensidad que la abrazó en prisión. “La cárcel logró resplandecer mi lucha”, fue su primera declaración en libertad.
El gran maestro Patishtán libre, es una victoria de los mexicanos, de los mexicanos que trabajamos y luchamos por la democracia del pueblo.
Su libertad nos dice que un mundo mejor es posible, nos muestra por tanto, que un México mejor es posible.
Por eso, con mucha alegría y entusiasmo, gritamos con todas nuestras fuerzas:
¡VIVA PATISHTÁN!

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