Tomado del libro “Nayarit 1975: Los Muros del Porvenir”

El candidato jugaba ping pong. Era una de sus distracciones en el convulso año de 1975. Se trataba del domingo 19 de octubre, día programado para el cierre de la campaña electoral en el estado.

Amaneció nublado; ligeras gotas caían del cielo, amenazando lluvia. El líder se había levantado temprano, relajado, de buen humor, seguro de lo que acontecería ese día. Sus amigos y compañeros comenzaron a llegar desde en la mañana a la casona ubicada por la calle San Luis de la ciudad de Tepic, su domicilio particular convertido de manera natural en un cuartel más de aquella esperanzadora lucha.

Invitó a jugar a uno de los visitantes y entre raquetazos a la diminuta pelota blanca, se entabló un interesante diálogo:

—–Alejandro, estoy preocupado.

—–¿Por qué?

—–Parece que habrá tormenta, el cielo está muy nublado. Fíjate, están cayendo gotas.

—–¿Y eso que tiene que ver? Es la naturaleza.

—–¿No te das cuenta? El temporal sabotearía el acto, podemos fracasar. Este mitin es importante y decisivo para las elecciones del 9 de Noviembre.

Alejandro Gascón sonrió, mostró prudencia ante la sincera aprensión de su compañero y replicó:

—–Sigue jugando, que te voy a ganar. El acto se hará, nadie lo podrá boicotear, el agua tampoco. Nuestros enemigos están rebasados por las masas. Este será el mitin más grande que se haya visto y vivido en Nayarit. El pueblo es sabio y nunca falla, ahora menos; esta vez se reunirá en la plaza, llueva o truene, ya verás. Sigue jugando.

Horas más tarde se comprobó. El pueblo nayarita se reunió en la Plaza Principal de Tepic, protagonizando la más gigantesca manifestación popular realizada a lo largo de la historia política del estado.

Fue la toma de la capital; de todas partes llegaban los asistentes; del norte, del sur, de la costa, de la sierra, del centro. El solferino engalanó toda la ciudad, había banderas de ese color por todas partes.

Aunque el mitin estaba anunciado para las tres de la tarde, desde las seis de la mañana llegaron a Tepic centenares de vehículos, sobre todo camionetas y camiones de redilas, transportando a las masas nayaritas al acto que culminaba aquella exitosa jornada por el gobierno de Nayarit. Algunos dirigentes del PRI se alarmaron al presenciar el desfile de centenares de máquinas que llegaban y llegaban cargados de gente por la carretera internacional y demás caminos asfaltados y terracerías a la ciudad sede de los poderes estatales.

El júbilo era mayúsculo y si algún tepicense no estaba convencido de votar hasta ese día por el candidato de la izquierda, al ver el impactante espectáculo popular, definían su sufragio por aquella opción democrática. Esa fecha, el aspirante del oficialismo también cerraría campaña en Santiago con la intención de superar la que había presidido Gascón Mercado en el municipio costeño días antes, pero dicha cabecera quedó prácticamente sola, pues gran parte de los jóvenes y adultos se vinieron a Tepic: fue una gran derrota, casi letal, para el partido gobernante.

Las camionetas y camiones de redilas entraban y entraban a Tepic; autobuses de pasajeros contratados también. Las filas parecían interminables. Los contingentes a bordo de los vehículos gritaban consignas y agitaban sus trapos solferinos.

De todos los puntos de Tepic arribaron a la plaza marchas por avenidas y calles, llenas de gente de una acera a la otra. Bandas, mariachis, diferentes conjuntos musicales acompañaban a los eufóricos nayaritas que ese día se convencieron de que habían triunfado porque se comprobó que la mayoría optaba por el sendero de la transformación social. Nunca se ha visto tanta euforia popular en Nayarit. Aquel histórico 19 de octubre de 1975 se mostró el rostro de la democracia, la que el pueblo toma en sus manos y el pueblo sabe que la ha tomado.

Ningún contingente de los municipios hizo falta, hasta de El Nayar, La Yesca, Huajicori y Amatlán de Cañas, de todas las regiones serranas llegaron, habiendo sufragado sus propios gastos cada uno de los miles que aquí estuvieron, algo muy distinto de las prácticas del PRI que, como siempre, acarreaba.

El pueblo nayarita, en esa fecha, parecía un río crecido que nadie detiene y arrastra todo lo que encuentra a su paso. El punto de confluencia fue la Plaza Principal de Tepic, considerada el corazón político de Nayarit, donde muchas decisiones históricas se han tomado; ésta era una de ellas.

A las doce del día se reunieron en La Cruz los primeros contingentes que marcharían a la plaza; se trataba de los que llegaron a caballo al histórico mitin de cierre de campaña. Cada jinete portaba en mano su bandera solferina, símbolo de lucha y decisión por transformar la sociedad. También había mujeres arriba de su corcel: “Las Adelitas”, dijeron algunos observadores.

A la una de la tarde arrancó el desfile de los de a caballo por toda la calle México hasta llegar a la plaza, que a esa hora ya se encontraba repleta, quedando en realidad muy pequeña para el inmenso conglomerado nayarita que se concentraba para escribir uno de los momentos más gloriosos registrados en nuestra historia política. De entre los asistentes, los medios nacionales destacaron en sus reportajes a los militantes que arribaron a caballo, motivando el aplauso de la multitud. Esta parte de aquel acto de masas le dio un tono de mayor confianza a la lucha del pueblo por construir su destino.

A las tres de la tarde la plaza era ya insuficiente. Las azoteas de los edificios que rodean el céntrico espacio también se encontraban llenas de espectadores, y había jóvenes trepados en los árboles para presenciar mejor. A esa hora se anunció que Alejandro Gascón Mercado, candidato a gobernador, estaba llegando al sitio. La ovación fue indescriptible y el aspirante tardó casi una hora en subir al anchuroso templete donde se colocó a los dirigentes que presidieron la manifestación. Todos querían saludarlo, abrazarlo, cuando menos tocarlo o verlo de cerca; de inmediato, grupos de voluntarios, de forma espontánea se organizaron para estructurar vallas que protegieran al dirigente.

Se dijo que hubo 70 mil asistentes, otros sostuvieron que 60 mil, lo cierto es que la plaza estuvo completamente llena y muchos contingentes no pudieron acceder a ella por no haber suficiente espacio, y ha sido, sin duda, la asamblea política de mayor importancia, en calidad y cantidad, celebrada en tierras nayaritas, además de ser una pieza muy importante en la edificación de los muros del porvenir.

El maestro de ceremonias del insólito e impresionante acto de masas, anunció:

—–Tiene la palabra nuestro candidato a gobernador, Alejandro Gascón Mercado.

Y al momento la plaza se tiñó de solferino, totalmente, desde la Catedral a Palacio Municipal y del hotel Fray Junípero a los portales de enfrente. Durante varios minutos las banderas se extendieron por todos lados para conformar un escenario digno de eternizarse  en lienzo de uno de los grandes de la pintura. La euforia no tenía límites, el desbordamiento de los miles ahí reunidos fue mayúsculo.

En este marco el candidato tomó posesión de los micrófonos y la masa humana se silenció. Gascón inició entonces su discurso de dos horas, tal vez el más memorable, una exposición para estudiar: refleja al dirigente como uno de los grandes oradores no sólo de Nayarit sino de México entero.

El periódico Vida Nueva, en su edición 24 del 24 de octubre lo publicó íntegro. Es una pieza oratoria con profundidad histórica, programática y filosófica pero usando un lenguaje popular y francamente sencillo. Un discurso que lo mismo hizo reír y reflexionar que conmover y gritar a la masa reunida; un discurso educativo combinado con fina agitación, interrumpido en muchas ocasiones por fuertes y prolongados aplausos.

Las decenas de miles de nayaritas concentrados en la plaza de Tepic aquel 19 de octubre escucharon con atención el discurso de su candidato a gobernador, quien ni siquiera apuntes llevaba, pues su característica como orador fue siempre la improvisación, señal de una excepcional inteligencia.

En tal ocasión, Gascón Mercado esbozó la parte fundamental de su propuesta de gobierno, centrada en impulsar el desarrollo económico del estado. Explicó que el temple de los nayaritas se fraguó contra la intervención económica del extranjero en nuestras tierras y por la democracia. Seguro de ganar las elecciones, dijo que la concentración indicaba que la mayoría del pueblo se había decidido por el cambio radical y revolucionario.

Mientras la fiesta popular continuó hasta muy noche, los enemigos del pueblo, que con lupa estudiaron la histórica asamblea, desde las élites del poder central conspiraban.

Si bien fue cierto que aquel 19 de octubre vimos el rostro de la democracia, también lo fue que la concentración popular alertó a las fuerzas fascistas del país, opuestas a los cambios democráticos y profundos.

El acto enseño, es cierto, el bello rostro de la democracia, pero en las penumbras se empolló el golpe.

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