México y Venezuela tienen petróleo. Dos países que están en este continente y son de la América Latina. Los gobiernos de ambas naciones son distintos, representan intereses contrarios, filosofías de Estado opuestas.

Mientras Venezuela convierte la renta petrolera en educación, salud, vivienda y alimentación, ello, al arribar Chávez al poder y, ahora, con el Presidente Maduro, México hace todo lo contrario; primero, gran parte de ésta, se la han robado y, en el presente, la administración de Peña Nieto, pretende, de plano, entregarla a las grandes empresas que giran en torno del imperio yanqui.

Entretanto Venezuela construye un modelo social igualitario, México es uno de los países en el mundo, con mayor desigualdad social y económica, pues, ante el fenómeno de tener millones en la extrema pobreza y que apenas si alcanzan a comerse una tortilla y beber una taza de café al día, aquí, en este país, está uno de los dos hombres más ricos de la tierra.

En la nación sudamericana se organizan las cosas para que todos sus habitantes accedan de forma gratuita a educación y salud públicas, así, como también a la vivienda. Aquí, en México, desde el Estado se patrocina la estrategia de privatizar tanto la enseñanza como la salud y, en el caso de la vivienda, es lo mismo, porque las del negocio son las grandes constructoras del sector privado nacional y extranjero, excluyendo así, a grandes sectores de la sociedad, por lo caro de las acciones habitacionales.

El gobierno bolivariano está empeñado en construir una economía poderosa, diversificada, productiva e independiente, considerando varias formas de la propiedad, pero, que, de manera preponderante toma muy en cuenta al sector social de la economía, éste, muy entrelazado con el sector estatal, sin menoscabo de estimular al sector privado, sobre todo, a la pequeña y mediana empresa. En México se gobierna a favor de las grandes empresas de aquí y de fuera, sino, basta con echar un vistazo en el área del consumo, cómo Wall Mart, Soriana, Chedraui y otras, prácticamente borraron del mapa a nuestros mercados populares, tan llenos de tradición y cultura y que tanto orgullo sentíamos de ellos.

El Presidente Maduro es un activista en la demolición de las viejas estructuras del Estado burgués, para acelerar, como él lo ha dicho, “la transición hacia la nueva sociedad”. Contrariamente, desde la Presidencia de la República mexicana se persigue y reprime a los maestros, quitándole derechos a los trabajadores, esclavizando más la jornada laboral y protegiendo y defendiendo a los treinta magnates que deciden nuestra vida, siguiendo, por añadidura, las indicaciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

En Venezuela se enseña sobre el nuevo concepto del trabajo. Se genera y construye una sociedad del trabajo, una cultura del trabajo, opuesta a la que han sostenido los capitalistas de que las grandes mayorías y los pobres, están así, pobres, porque son flojos, porque no trabajan y, ellos, los burgueses, son ricos porque trabajan, dicen ellos, trabajan de día y de noche.  A los niños, en Venezuela, se les educa, desde su temprana edad, a valorar el trabajo en el hogar, en la comunidad, el de la producción económica, pero también, el trabajo voluntario para ayudar a la comunidad tal cual fue una de las grandes aportaciones del Comandante Ernesto Che Guevara; es decir, se instruye a las grandes masas venezolanas en la disciplina al trabajo, aquella que, según lo repite y repite el líder obrero Nicolás Maduro, hoy Presidente del país, “nos lleve a otro valor fundamental: una nueva economía”, que no es otra más que la economía socialista.

Aquí, no. En México, el trabajo es una mercancía, es la esclavitud de ahora, no un sagrado derecho, parte de la vida del hombre, como es la concepción practicada por el gobierno venezolano y que asimila y aprende la sociedad de este país cuyo símbolo superior es el Libertador Simón Bolívar.

En la Venezuela de Chávez y Maduro se construye la nueva sociedad, aquella que soñó el Guerrillero Heroico, justamente, dicha comunidad, no surge de la nada, se va forjando, se va fraguando “en los valores del trabajo”, tal y cómo lo explica el Presidente de la República Bolivariana.

El camino de Venezuela, es el camino de México.

El modelo de Venezuela, es el que debe seguir México. Estamos seguros: es el que va seguir México. Nadie lo dude.

 

 

Anuncios