Entretanto el pueblo que consume paga quince pesos por cada kilogramo de azúcar, a los productores de caña se les liquida solamente 4 pesos por mil gramos del endulzante, registrándose una diferencia en contra de la economía del campesinado, de once pesos por cada kilogramo del producto, el cual, presenta más debilidades que fortalezas, ello, debido a las políticas gubernamentales que no contemplan, como debiera ser, los correspondientes apoyos y subsidios que nos lleven a alcanzar  un equilibrio en este importante sector de la economía nacional en el que trabajan miles de obreros y campesinos productores de caña de azúcar.

No exageramos cuando decimos que se corre el riesgo que los ingenios azucareros se declaren en quiebra como ya ocurrió alguna vez que se tuvo que ir a su rescate.

Tal circunstancia nos conduciría al cuadro de que sean desplazados de sus labores miles de trabajadores y se registre una drástica reducción en los salarios e ingresos de los mexicanos que laboran en la industria del azúcar.

 Aquí hay, evidentemente, una señal de alerta. Nadie lo puede negar. Ello nos obliga a tomar medidas emergentes que superen la crisis cañera y, sea salvado el sector, para bien de México. Es obligación de gobernantes y gobernados, virtud a que todos somos consumidores de azúcar.

Los cañeros están movilizados. Están en su derecho. Miles de ellos se encuentran en la ciudad de México, protestando, luchando, exigiendo, reclamando. Son de Puebla, Oaxaca, Veracruz y Morelos, contando con el apoyo de sus compañeros de toda la República Mexicana, donde se cultiva caña de azúcar, entre ellos, los cañeros del Estado de Nayarit.

El precio del azúcar se ha ido al piso. Se ha desplomado. Se fue para abajo.

El azúcar tiene enemigos.

Uno de ellos, que no se debe subestimar, es la competencia que le hace la alta fructosa, proveniente, fundamentalmente del maíz.

Otro problema que ya se vive en el sector es la producción de etanol.

Es bueno recordar en este análisis, que en 1989, Brasil produjo 12 mil millones de litros de este combustible para poner en movimiento a 9.2 millones de coches.

¿Cómo es posible que los seres humanos tengamos que producir para mover automóviles más que para alimentar bocas? Es una cuestión de mucho fondo, que nos obliga a reflexionar y a meditar, pero en serio.

Ante este panorama, algo complicado para los hombres del campo, se está pidiendo un subsidio de 250 pesos por tonelada de azúcar y, así, de este modo, lograr un mínimo equilibrio a favor de las finanzas familiares de los productores de caña de azúcar  y, puedan ellos, continuar en la batalla diaria y permanente de la producción. Este es el centro de la protesta nacional de los productores de caña de azúcar. Algo completamente justo, que el gobierno está en el deber de cumplir.

Con la lucha y movilización de los cañeros, se ha obligado ya a la administración federal que encabeza Peña Nieto, a crear un Programa Emergente de Apoyo a los Productores de Caña de Azúcar que alcanzaría a beneficiar a campesinos de 15 estados de la República, donde se encuentran, obviamente, los cañeros de Nayarit.

Hay que decir que el año pasado hubo sobreproducción de azúcar alcanzando un volumen de 7 millones de toneladas, cuando el consumo nacional había registrado un promedio anual de 4 millones de toneladas.

La fructosa como ya lo apuntábamos es otro de los enemigos que tienen los productores de caña. Este producto resulta más barato que el azúcar. El bulto de fructosa cuesta 387 pesos, mientras que el bulto de azúcar alcanza los 604 pesos.

En este escenario, tenemos que encontrar soluciones para superar el problema de la industria azucarera nacional. Es deber del gobierno, de productores de la caña de azúcar, de los obreros de la industria, pero, así también, de nosotros, los consumidores.

 

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