Ayer 18 de Septiembre de 2013 cuando el Presidente de Bolivia Evo Morales promulgó la Ley que se llama Reversión de Derechos Mineros a través de la cual nacionaliza mil 717 minas localizadas en una extensión de millón y medio de hectáreas advirtiendo que “no habrá indemnización para los concesionarios nacionales y extranjeros”, la primera reflexión que se nos viene a la mente es que el mandatario del país sudamericano haciendo todo lo contrario del gobierno mexicano refrenda en grado de excelencia su muy bien ganado galardón de ser el Presidente del Pueblo boliviano así como también por añadidura uno de los grandes jefes de Estado de América Latina y el mundo.

Evo no se anda por las ramas. Es directo. Va al grano. Así era el Presidente mexicano Lázaro Cárdenas del Río. Al firmar la ley referida enfatizó:

—–No tenemos por qué indemnizar. Esto es del pueblo boliviano. Y se queda para el pueblo boliviano.

Así, mientras las grandes masas bolivianas festejan, la empresa japonesa Sumitomo junto a la norteamericana Coeur d Alene, ésta, productora de plata y zinc, lloran, pues, con seguridad, la economía de la nación saldrá fortalecida con esta medida patriótica en virtud de que las exportaciones mineras son las que más divisas aportan al país tan sólo después del gas natural, cuyo recurso también fue nacionalizado por el gobierno progresista y revolucionario encabezado por el mandatario indígena.

TAMBIÉN EL CEMENTO

En el trascendental acto, al que lo acompañó el Vicepresidente Álvaro García Linera, Evo, remató:

—–Hemos promulgado esta ley para recuperar concesiones mineras donde nunca se han hecho inversiones, en adelante los concesionarios privados tendrán que garantizar la inversión.

Evo también firmó un decreto que crea una empresa del Estado para producir cemento. El país importa este material. Con esta medida se fabricarán un millón 130 mil toneladas de cemento al año garantizando con ello el 22 por ciento de la demanda interna, significando tal decisión una parte importante dentro de la estrategia para desarrollar con independencia al país, lo que le ha dado grandes resultados, pues, han existido momentos en que la economía nacional ha tenido crecimientos jamás visto en la historia nacional registrando avances casi del 7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Las nacionalizaciones han abarcado las principales áreas estratégicas de la economía boliviana cumpliendo puntualmente lo que el líder le propuso a la población del país siendo aspirante a dirigir los destinos de la República andina hace ocho años.

LE HEMOS DADO VUELTA A LA TORTILLA

Hay que recordar que en los primeros cien días de gobierno Evo tomó la resolución de nacionalizar los hidrocarburos cuya riqueza estaba controlada de forma absoluta por las multinacionales. Con este motivo al rescatar para la nación oleoductos, gaseoductos y refinerías que estaban en manos de la empresa española Repsol YPF, Evo, sentenció:

—–Se acabó el saqueo de los recursos naturales de Bolivia. Si las empresas no respetan nuestras medidas, nos haremos respetar a la fuerza. A partir de hoy los hidrocarburos vuelven a ser del pueblo.

Álvaro, el Vicepresidente, por cierto, reconocido como uno de los intelectuales más sobresalientes de la América Latina,  asegundó a Evo ante las grandes masas reunidas frente al Palacio presidencial:

—–Le hemos dado la vuelta a la tortilla. Si antes las petroleras se llevaban un 82 por ciento de los beneficios de nuestros recursos naturales, ahora sólo se llevarán un 18 por ciento y el 82 por ciento será para el Estado.

Campesinos, indígenas, obreros y trabajadores en general, sentían por consiguiente muy suya esta riqueza.  Exclamaban a los cuatro vientos, cantando y haciendo poesía:

—–En Bolivia se está empezando a vivir.

La electricidad y telefonía no fueron la excepción. Les llegó su hora a las empresas extranjeras que tenían el control de estas industrias.

El Presidente boliviano nacionalizó las cuatro mayores plantas hidroeléctricas y Transportadora de Electricidad bajo el control del grupo Red Eléctrica, compuesto por empresarios españoles que atendía el 74 por ciento del mercado local y dueños de dos mil 772 kilómetros de líneas de transmisión, la cual, invirtió solamente 81 millones de dólares, frente a 220 millones de dólares que el Estado boliviano había gastado antes de su privatización. Corría el 2012, cuando Evo, denunció:

—–Estamos nacionalizando una empresa que antes era nuestra. Nosotros hemos invertido en la generación y otros se aprovechan.

 Evo crea Empresa Nacional de Electricidad (ENE), propiedad de la nación, encargada hoy por hoy, del suministro eléctrico a lo largo y ancho de este país, conducido por el Estado Plurinacional de Bolivia tal y como lo denomina la nueva Constitución.

LA AURORA LATINOAMERICANA

Del mismo modo, el gobierno democrático y popular nacionalizó Entel, cuya empresa telefónica era controlada por la multinacional italiana Euro Telecom y, ahora, el servicio está en manos de una empresa propiedad de la nación y el pueblo boliviano.

La Bolivia de hoy conducida por ese Presidente de origen indígena muy popular en todos los rincones del planeta llamado Evo Morales, es un punto sobresaliente de la aurora latinoamericana de la que forman parte ya varias naciones y cuyos gobiernos al frente de sus comunidades están resolviendo tanto problemas sociales como nacionales siendo el modelo que emerge y suple al neoliberalismo que no es otra cosa más que un capitalismo salvaje denominado así porque deja por donde pasa sólo hambre, miseria  y llanto y, en no pocos casos, destruye lo que el ser humano con sus manos y cerebro ha elaborado a lo largo de siglos y milenios.

No nos restaría más que decir:

Urge tener en México un Presidente como Evo Morales.

 

 

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