Hace 40 años perdió la vida el Presidente Salvador Allende. Murió como lo hacen los grandes de la historia: con un fusil en mano, aquella ametralladora que le había obsequiado su compañero de armas, el Comandante Fidel Castro.

Los fascistas creyeron que allí terminaba la vida de un hombre que se entregó por entero a la causa de Chile y que llegaba a su fin un proceso que llenó de esperanzas a las masas de esa nación enclavada en el sur de la América Latina.

Quienes se oponen al devenir, estrepitosamente se equivocaron. Allende no murió. Allende vive. En una interpretación justa y muy objetiva, sin exageraciones, aquí se cumplió a cabalidad lo que predijo en 1781 el gran líder indígena aimara Túpac Katari, ALLENDE VOLVIÓ CONVERTIDO EN MILES DE MILLONES.

Y no sólo regresó a abrir las grandes alamedas de Chile, como fue su exacta premonición el día del golpe, aquel fatídico 11 de Septiembre de 1973.

Está en el Ecuador, reencarnado en el Presidente Correa, desafiando la voracidad de los maléficos intereses imperiales y demostrando que la América Latina ya no es el patio trasero de los  Estados Unidos.

Recorriendo Bolivia, jubiloso porque Evo gobierna siguiendo letra por letra  su ideario político que se entrelaza al pensamiento profundo que heredó a la humanidad el guerrillero heroico, el Comandante Guevara, acaecido en La Quebrada de El Yuro, localizado en las montañas de este país Plurinacional, personaje con el cual Allende tuvo una relación de hermano.

Se hace todos los días muy presente en la Revolución Bolivariana, desde 1999, cuando el Comandante Eterno Hugo Rafael Chávez Frías tomó las riendas de Venezuela conduciendo a esa patria inspirado en el combatiente de La Moneda y, ahora, esa misma línea filosófica es seguida con absoluta lealtad y fidelidad por el  Presidente de origen obrero, Nicolás Maduro.

Es también protagonista de los sucesos históricos del Uruguay, que tiene al frente del gobierno a un hombre sabio, Pepe Mujica, cuyo Presidente, por su elevada moral, se ha ganado el título de ser el Jefe de Estado más pobre de todo el transcurrir de la sociedad humana a lo largo de siglos y siglos, mostrando cada que viene al caso, su admiración por el hombre que condujo físicamente a Chile de 1970 a 1973.

Daniel siente orgullo cuando pronuncia su nombre;  Allende y Sandino, son de los grandes constructores de la Nicaragua libre, donde vive un pueblo implacable en el combate, pero, generoso en la victoria.

El pulgarcito de América, la heroica República de El Salvador, edifica su sociedad democrática guiado por la teoría y la práctica de Farabundo Martí, pero, también, con el ejemplo del Presidente socialista chileno.

Cristina Fernández, igual, defiende a la Argentina, protegiendo los recursos de la nación y cuidando a su pueblo, siempre, llevando presente la memoria del chileno que entregó su sangre un día como hoy, hace exactamente 40 años.

La figura y el ejemplo de Salvador Allende también mueve las acciones de los brasileños, en este momento con Dilma como Presidenta y, ayer, con Lula, conduciendo por la senda del progreso y la democracia, a esa potencia del continente americano.

Las naciones y pueblos del Caribe no son la excepción. También se inspiran en Salvador Allende y construyen paso a paso una integración a la cual se refirió muchas veces el Presidente chileno en sus visionarios discursos.

El primero de Enero de 1959 arrancó la Revolución de América Latina, con el triunfo esta fecha de la un millón de veces heroica Revolución Cubana.

Once años después, en 1970, le siguió la Revolución Chilena, con el Presidente Allende al frente.

Cuba y Chile, son los pioneros de la Revolución progresista, social, antiimperialista, democrática y socialista, en marcha, victoriosa, de la América Latina.

Fidel y Allende, son los grandes de este continente. Ahora se les agrega Chávez.

Los tres, Fidel, Allende y Chávez, son, sin lugar a ninguna duda, los COMANDANTES DE AMÉRICA.

  

 

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