Andrés Manuel López Obrador no usó en su discurso de hoy, 8 de Septiembre, pronunciado en la ciudad de México, el método correcto para llamar a lo que urge en el país, que es la articulación del gran frente nacional que defienda el interés de la patria, amenazada, en este momento, como nunca antes.

El dos veces candidato a la Presidencia de la República, fue sumamente inmodesto; le faltó humildad; y le cargó mucha vanidad personal al asunto. Instruyó a los órganos dirigentes de su organización, Morena, que CONVOQUEN, o sea, que ellos convoquen a todos los ciudadanos de los distintos sectores sociales, económicos y políticos. Ello quiere decir, que él es dios, o que es el ombligo del mundo, o que es el principio y el fin de las cosas, que está por encima de todos y, todos, en México, debemos transitar, caminar y movernos, alrededor de él.

No es así la cuestión. La forma en cómo planteó este punto, es una soberana equivocación. Igual que hace un año, cuando le dijo a los partidos que  apoyaron y registraron su candidatura,  las dos jornadas en la disputa por el gobierno del país, que “estamos a mano”, tal cual sí se tratase de un problema personal y no de un momento histórico. Con esa postura, pareciera que trabaja a favor del enemigo de la patria mexicana.  La forma es fondo. Por eso, justamente, por esa inmodestia, ya característica en él, la CNTE no dejó el Zócalo y realizó una combativa manifestación, paralela a la del tabasqueño, que culminó en el Ángel de la Independencia.

ACTUEMOS CON LA DIÁFANA MORAL DE LÁZARO CÁRDENAS

Ni López Obrador ni Morena son los propietarios de la bandera por la defensa del petróleo y los demás intereses de la nación, como son, la electricidad, el agua, los minerales, el maíz, las playas, los sitios arqueológicos, la cultura y la educación pública.

Los propietarios de todo esto, somos 117 millones de mexicanos. Y los 117 millones de mexicanos estamos diseminados en una diversidad de asociaciones de todo tipo y carácter. Y el mexicano que no está agrupado, de forma individual y personal, posee los mismos derechos que aquellos que si lo están.

Y para lograr unirlos a todos; o más bien, para lograr la articulación y coordinación de las muchísimas expresiones del país; con la añadidura de todas las individualidades que se manifiestan contra las medidas de los actuales dirigentes del Estado mexicano; éstos, obedeciendo al pie de la letra las instrucciones del capital foráneo; aquellos, los vendepatrias que integran, hoy por hoy, el Estado mexicano y que pretenden entregar al capital foráneo nuestras riquezas,a toda costa y a como dé lugar; ante esto, lo primero que se ocupa es, justamente, modestia, humildad, consecuencia histórica; sobre todo, tal ética, la necesitan ejercer los principales liderazgos del país.

TODOS DEBEN SER CONVOCANTES PARA INTEGRAR EL NECESARÍSIMO GRAN FRENTE NACIONAL

Sin ir muy lejos, se requiere actuar con aquella elevada, superior y diáfana moral que nos heredó el General Lázaro Cárdenas.

Al margen de protagonismos, con una gran humildad y modestia, alejada por completo de las vanidades, el hombre nacido en Jiquilpan, llevó a cabo una conducta que fue determinante para integrar a todos los mexicanos, de todos los sectores, en el gran frente nacional que hizo posible el decreto expropiatorio y la defensa del petróleo mexicano. Y allí están los resultados.

 Es lo que debe hacerse ahora. Es lo que no debió hacer López Obrador, al plantear con inmodestia, soberbia y una gran falta de humildad esta cuestión, en un momento tan delicado para la vida del país.

Lo que en este momento procede, es que todos sean convocantes a fin de integrar el necesarísimo gran frente nacional que defienda el interés de la patria. Deben hacerse a un lado los protagonismos. El petróleo y todo lo demás que representa el patrimonio nacional, está mucho más allá de los egos y de las cosas personales.

El horno no está para bollos. La situación está muy delicada. El problema nacional se agrava con lo de Siria. Tenemos que ser muy consecuentes, muy prudentes, muy humildes, nada de soberbios. Es necesario integrar todo: petróleo, electricidad, educación, agua, minas, tierras, cultura, patrimonio arqueológico, todo, absolutamente todo, porque todo está concatenado, nada está aislado; por tanto, ninguna lucha aislada más; en este caso, ninguna acción aislada más.

 Con López Obrador al frente, ya fracasamos dos veces. En 2006 y 2012 no tuvimos la Presidencia de la República, culpa a sus fundamentalismos. Eso, hay que tenerlo muy presente en este delicado y crítico, pero decisivo, momento de la nación.

 

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