Del primero de Diciembre de 2012, al 2 de Septiembre de 2013, se cuentan 276 días. Son los que lleva al frente del inmenso y complejo aparato del Estado mexicano, la actual administración.

Todo sigue en la misma ruta del sexenio anterior. Nada cambia, todo sigue igual, hablando en términos estratégicos. Eso sí, está muy claro, el equipo gobernante,  profundiza el modelo de la derecha, entreguista, antinacional.

Pero, también, la resistencia popular avanza, crece, indiscutiblemente. Dos mundos están enfrentados en México, dos modelos, dos clases; aunque a algunos les parezca obsoleto este lenguaje; a mí, me parece más vigente que en los tiempos de Carlos Marx, en vida.

El pasado residente de Los Pinos, se atrevió a dar el golpe contra Luz y Fuerza. El número uno actual de la casa presidencial, siguiendo al pie de la letra y paso a paso la línea de su antecesor, ambos, obedeciendo al mismo patrón, el capital foráneo, va no sólo por Comisión Federal, sino, por la Industria Eléctrica Nacionalizada, decisión, sin la cual, este país no fuera lo que es.

ESA ARISTOCRACIA BUROCRÁTICA PARASITARIA

La clase política gobernante, no se conforma con eso, va más allá todavía, ambiciona todo,  quiere los pozos petroleros y  lo que está alrededor de ellos, sin importarle, ni medir, ni calcular, lo hondo que caló en la conciencia nacional, la fecha del 18 de Marzo de 1938. Son insensibles a la circunstancia de que el petróleo es uno de nuestros  símbolos patrios.

No calculan bien, definitivamente. Se comportan exactamente como decía Hidalgo: “El único dios de los ricos es el dinero”; todo lo ven y miden en función de eso. No existen otros valores para ellos.

Los maestros que están en el Zócalo y protestan por las avenidas de la gran capital, para quienes gobiernan, son miserables y vándalos, mexicanos de muy baja condición.

Estos que se reunieron en la residencia del Ejecutivo, no saben, en verdad, no saben, que la Ley Suprema les da a los profesores la misma categoría y las mismas prerrogativas que a los seiscientos catrines  perfumados de esa aristocracia burocrática parasitaria, armadores de esa ridícula parafernalia, que se dio cita este día en Los Pinos para escuchar y aplaudir palabras huecas y vacías, sin contenido, del personaje que obedeciendo las órdenes del exterior, se ha propuesto entregar las banderas de la patria.

CAMBIÓ EL COLOR SOLAMENTE; TODO SIGUE IGUAL

Discursos huecos y vacíos, mostrando una gran debilidad de la figura presidencial, hemos escuchado los mexicanos, mezclando tristeza y rabia, estos 276 días.

Las grandes masas mexicanas se oponen a la venta  de la nación, exactamente como a lo largo de la historia lo han manifestado.

Las multitudes de este país, nunca se han sometido. Ningún imperio ha podido doblegarlas. El de Estados Unidos, tampoco nos vencerá.

El pueblo mexicano combatió contra la colonia, a lo largo de más de tres siglos y, al final, salió victorioso. A la dictadura oprobiosa personificada en Porfirio Díaz, la enfrentó durante poco más de tres décadas, hasta derribarla y, construir, sobre aquellas cenizas y ruinas, un país más próspero y más igualitario.

Todo siguió igual en estos 276 días. Son los mismos. Los otros de azul, éstos, tricolores, cambió el color solamente, como en el año dos mil. Los patrones, de ambos, es la oligarquía de aquí y, sobre todo, la que no es de aquí. Son el soporte de este sistema, que siembra hambre y miseria, ignorancia y profundas desigualdades, dolor y lágrimas, pero, al mismo tiempo, ánimos de resistencia y confianza que la victoria popular y patriótica llegará.

EL MAESTRO ENSEÑA EN EL AULA Y LUCHANDO EN LA CALLE

Por eso, aquella escena cuidadosamente televisada, donde  los dos más representativos, el Titular del Ejecutivo Federal y el líder panista, con una gran sonrisa, se encontraron en el evento de hoy en Los Pinos, corroborando ante los ojos del país,  que son hermanos de la misma causa y soporte de esa política contraria a los trabajadores mexicanos y al interés nacional.

El balance es negativo, poderosamente negativo. Estos 276 días sólo sirvieron para estar abonando la entrega definitiva de la patria. En estos nueve meses, creció la pobreza. Siguen las mentiras y la corrupción.

Los fundamentalismos no se hicieron esperar. El aplauso por los maestros que si trabajan, es para el gobierno y sus dos partidos, signo de derrota, por lo subjetivo de la expresión. Los educadores que están en el Zócalo, en las plazas y calles de la República, también enseñan; enseñan, porque enseñan a la población en general y representan a los maestros que en este momento están en las aulas, también, como la gran mayoría del pueblo de México,  combatiendo contra la política criminal ejecutada en el lapso de estos últimos  276 días.

 

 

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