El plebiscito ya se hizo en el período 1910-1917-1938.

Tal y como lo sostuvimos en un comentario anterior, la prueba más cruda y fehaciente del plebiscito, es el millón de mexicanos muertos en los campos de batalla en la Revolución Mexicana estallada el 20 de Noviembre de 1910.

La Revolución Mexicana se hizo precisamente para crear en este país la PROPIEDAD NACIONAL por consecuencia para que el petróleo y la electricidad estuvieran bajo el dominio de la nación.

Y, eso, ya no tiene vuelta de hoja. Tal decisión histórica, ya no tiene reversa. Proponer un plebiscito que defina la política petrolera y eléctrica, es poner en duda la Revolución Mexicana y ofender al millón de mexicanos que ofrendaron su vida para terminar las ataduras coloniales del feudalismo.

La única solución a la pretensión de acabar con la PROPIEDAD NACIONAL, a través de entregar petróleo y electricidad a los magnates internacionales, es movilizando a 117 millones de mexicanos, dueños absolutos y eternos de esta gran riqueza. Es la manera de parar a los senadores y diputados, que son los que pueden consumar el golpe de Estado, éste, iniciado ya por la Presidencia de la República.

Para coordinar la movilización de 117 millones de mexicanos, diseminados en una diversidad de expresiones, se tiene, necesariamente, que darle forma a la rearticulación del gran FRENTE NACIONAL PATRIÓTICO Y NACIONALISTA, que defienda la PROPIEDAD NACIONAL, el petróleo y la electricidad, tal y como lo formó el General Cárdenas en 1938, incluyendo a todos los sectores, sin excluir a ningún mexicano físico o moral.

El plebiscito puede ser una trampa que legitime el golpe de Estado, virtud a que nuestro sistema de elección o consulta, en este caso, no es democrático y está lleno de vicios, con el agravante de que los medios de comunicación están en manos de la derecha. Así, Marcelo y López Obrador se equivocan.

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