Al país le urge un modelo educativo superior al que hoy tenemos. Antagónico al que el gobierno decidió imponer. Le llama Reforma Educativa. Este paso de las autoridades, ha causado la insurrección del magisterio. La Reforma Educativa es completamente autoritaria, cien por ciento vertical. No se sometió al análisis de los mentores ni del pueblo en general. Plantea, de plano, perseguir al maestro. Atenta contra la pluralidad de la cultura nacional, así, como también, burla la diversidad de las etnias mexicanas.

El maestro mexicano es el que más conoce el tema. Es ofensivo optar evaluarlo con el método que el gobierno neoliberal pretende hacerlo. El educador de este país, ha venido elaborando el nuevo modelo educativo democrático y popular. Lo ha hecho a lo largo de décadas. Se ha apoyado en su trabajo de todos los días, en el aula y tratando a sus alumnos. Del mismo modo, por la vía de un sinnúmero de encuentros, foros, seminarios, congresos, mesas redondas y una diversidad de eventos, adentro y fuera de México, a través de los cuales, ha tratado con absoluta responsabilidad, el apasionante, delicado, pero, necesario e histórico tema.

                      LA REALIDAD CRUDA Y TRÁGICA, NARRADA POR UN MAESTRO

El gobierno parte de una equivocación rotunda. Su proyecto separa el sistema educativo de las condiciones materiales y de vida del pueblo mexicano. No toma en cuenta los ocho y medio millones de niños y jóvenes que van a los centros escolares de preescolar, primaria y secundaria, que viven en comunidades de muy alta y alta marginación y que hay 124 mil planteles de enseñanza que no tienen el equipamiento mínimo. En este sentido, la narración que hace el maestro oaxaqueño, Daniel Hernández, es estremecedora:

“Todo sigue igual. Escuelas de carrizo, alumnos sin zapatos que llegan sin probar bocado. Y toda su subsistencia depende de la tierra, donde siembran maíz, chile, calabaza y ejote. Empleo no hay. Toda su esperanza para alimentarse está en la milpa de temporal. Los niños no tienen ninguna comodidad. No hay camas, ni estufa en la casa. Y con esas condiciones llegan con hambre a la escuela. Muchos se aguantan, pero buscamos darles aunque sea una tortilla con sal, porque nuestra tarea no sólo es educar. También hay que estar comprometido con la comunidad y enfrentar sus carencias (La Jornada 09/05/2013).

Aquí se demuestra que el maestro mexicano es líder cívico y social. Por supuesto, conoce mucho mejor las regiones de México que cualquier autoridad gubernamental. Se dan cuenta todos los días de la incapacidad del Estado para dar una educación digna a niños y jóvenes. Sin embargo, con pocos recursos y grandes carencias, los maestros mexicanos forman a la niñez y a la juventud. El maestro es de lo más valioso en este país, indudablemente.

Por lo anterior, y por otros razonamientos más, que expondremos adelante, en el marco de este excitante tema, YO VOTO POR UN MODELO EDUCATIVO POPULAR Y DEMOCRÁTICO.  

 

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