Los Comandos de Vigilancia en Tepic, dependieron del gobierno municipal democrático y popular que administró la capital de Nayarit de 1973 a 1975, dejando un saldo muy positivo, ya que bajó la delincuencia e inseguridad, a cero y es un referente para lo que debe hacerse en el presente y en el futuro no sólo de Nayarit sino de México entero.

Los Comandos de Vigilancia en Tepic eran el pueblo organizado encargados junto a la Policía Municipal, de garantizar la vigilancia en toda la zona.

Fue un hecho insólito. Nunca hubo ni ha habido tanta seguridad en Tepic como entonces. Sus integrantes, trabajadores, se entrecruzaban por las calles de la ciudad capital, en el centro, colonias, barrios y comunidades del municipio. El pueblo los respetaba y quería entrañablemente. A ciencia cierta, no se sabe de dónde vino el nombre o quién lo propuso. Algunas veces les denominaban Comandos Populares, otras, Comandos de Vigilancia, y hubo quien les llamó Comandos del Pueblo, o simplemente Comandos.

 

Eran tepicenses electos en asambleas a convocatoria de los Comités del Pueblo, en coordinación con la Dirección Municipal de Policía. Su tarea fue permanente, las 24 horas, en su punto citadino o población, aunque hacían rondas turnándose la actividad. Se subían a una camioneta pick-up, cuya propiedad era de algún integrante de los grupos o de cualquier vecino que voluntariamente la prestaba. El pago del combustible corría a cargo de los comités del pueblo y muy de vez en cuando salía del erario municipal.

Por supuesto, que la labor desarrollada por los ciudadanos miembros de los comandos se dió por propia voluntad, sin cobrar ninguna clase de estipendio, menos un salario.

Eran eslabones que se conectaban entre los comités del pueblo y el cuerpo de policía. Esta cadena, perfectamente fundida, hacía que todos los rincones de la ciudad y el municipio estuvieran vigilados, reduciendo al mínimo las posibilidades de los delincuentes y bandas de malhechores.

Los miembros de los comandos hacían el trabajo con gusto, diríamos con una profunda convicción, hasta con pasión y entusiasmo, se daban cuenta del poder que cargaban. Hasta alegría hubo en la actividad de los comandos, como en cualquier otra, cuando el pueblo sabe que está gobernándose a sí mismo.

A la hora de los recorridos, se veían en las camionetas campesinos, obreros, empleados, jóvenes y hombres maduros. Recorrían el centro, las colonias, comunidades, en todas partes se conectaban con los dirigentes de comités del pueblo, preguntando qué novedad había en su jurisdicción. La gente no sólo les mostraba su cariño, sino les ofrecía también comida.

En ningún momento sustituyeron al cuerpo policiaco profesional, eran una base de apoyo y un sostén más de éste. Se puede decir que fue la fórmula perfecta para tener una ciudad segura y tranquila, como nunca se tuvo y ha tenido en Tepic.

Durante la gestión de aquel Ayuntamiento democrático y popular, los comandos jamás incurrieron en una falta grave que pusiera en entredicho la política del cabildo: el balance de esta forma de gobierno popular es muy positivo.

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