Con el pueblo todo, sin el pueblo nada, decía y repetía y volvía a aclarar, uno de los dos más grandes presidentes que ha tenido México: Benito Juárez.

Decía con ello el Presidente Benito Juárez, que el pueblo es el que hace todo, el que logra transformar la naturaleza y a la sociedad misma, quien produce sus satisfactores para vivir, es el principio y el fin, el origen y la conclusión de la historia.

Dicho en palabras llanas y directas, sin rodeos: lo único permanente y eterno, es el pueblo.

Y, no hay más. Ni le busquen. Esa carta nadie la mata. Esta es una verdad indestructuble, inquebrantable, completa y absolutamente infalible.

Los individuos, las personalidades, los liderazgos, se derivan del pueblo, surgen del pueblo, el pueblo los hace, el pueblo los engendra, el pueblo los pare, el pueblo los amamanta, el pueblo los cría, el pueblo los forma, el pueblo los educa, el pueblo los hace inteligentes, el pueblo les da la sabiduría que poseen.

Nada es obra del individuo en lo personal, todo es obra de la colectividad y, ésta, la colectividad, es el pueblo. Así de sencillo. Así de fácil está la cosa.

Y, efectivamente, el pueblo es el que hace los cambios, los cambios de todo tipo y a todos los niveles. Más, tratándose de los cambios históricos. 

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