La Defensa Rural, arrancada por decisión del General Cárdenas, siendo Presidente de la República, se concibió para defender la Reforma Agraria ejecutada masivamente en este sexenio.

Las Defensas Rurales fueron formadas por campesinos voluntarios, recibiendo la instrucción militar muy elemental y de rigor; no percibían ningún pago monetario; estaban las 24 horas del día a la expectativa y en posición de firmes para cumplir la encomienda del Titular del Ejecutivo Federal.

Por ley sociológica e histórica, las Defensas Rurales surgieron a partir de la insurrección de los hacendados, quienes armaron a mercenarios, a los cuales se les conoció con el mote de “guardias blancas” al servicio de los señores feudales, cuyos personajes se resistían a perder sus pertenencias, como era lógico.

La Constitución quedó muy precisa tal y como la redactó y aprobó el Constituyente de Querétaro: el régimen económico y productivo del feudalismo representado por las haciendas, había terminado ya su ciclo histórico. Dicha forma de organización, ya no producía lo suficiente para alimentar a la población y era la muestra clara y evidente de un régimen político prehistórico, atrasado, represivo, autoritario, antidemocrático, antipopular, dictatorial, sanguinario, genocida, corrupto y vendepatrias, mismo que, para nada le servía ya al pueblo de México, convertido en una retranca para el desarrollo general.

Los guardias blancas al servicio de quienes habían sido los señores potentados, eran, ni más ni menos, la contrarrevolución armada.

El General Cárdenas, al frente del gobierno revolucionario, respondió con el pueblo organizado, pero, también, al mismo tiempo, armado, llamándole a tales destacamentos populares, las Defensas Rurales.

La contrarrevolución fue aplastada. La Reforma Agraria llegó. El sistema ejidal se consolidó. Una nueva era arrancó en México. Hubo desarrollo impetuoso de las fuerzas productivas. Nuevas relaciones de producción se impusieron en la república. En mucho se debió a la constitución de las Defensas Rurales que, junto al ejército revolucionario, derrotó a la contrarrevolución, donde estuvieron las guardias blancas, echándose para abajo, así,  todos los intentos de acabar con las conquistas de la Revolución.

Consolidado el sistema ejidal, estos grupos de campesinos armados, continuaron organizadas, pero ya, cumpliendo tareas para garantizar la seguridad pública en todas las poblaciones rurales de la nación, misión que llevaron a cabo con mucho éxito, colocando, por consecuencia a México, por este hecho de las Defensas Rurales, en ejemplo continental y mundial.

Recuerdo a mi padre, Leobardo González Diaz, como integrante de la Defensa Rural de Tetitlán. Cuánto orgullo se le veía y mostraba de pertenecer a esta corporación del pueblo formada por el General Cárdenas. Con cuánto celo cuidaba el arma que le dió el gobierno. Cada semana lo lustraba, lo dejaba bien aceitado, bien limpio, listo para cualquier emergencia. En verdad, la Defensa Rural del pueblo, muy respetada y querida por la población, mantenía el orden y la seguridad de todos quienes vivíamos en el ejido. Es la ventaja de tener al pueblo organizado y, también, armado. 

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