Se maneja, equivocadamente, que la política es una bajeza, una aventura y que todo lo que está relacionado con dicha actividad, es hasta despreciable.

En resúmen, la política es sinónimo de corrupción, de acuerdo con el decir y el pensamiento de aquellos que no tienen la concepción correcta de lo que significa y es la verdadera política.

Nos viene a la memoria y es oportuno recordar en este segmento, que un gobernante llegó a tal grado de desfachatez y, se puede y debe decir, de degeneración, que se atrevió a definir a la política, frente a todo aquel que le preguntaba sobre el concepto y la cuestión, que la política era el arte de tragar mierda sin hacer gestos. Una interpretación verdaderamente grosera, absurda, grotesca, salvaje y primitiva, cargada de mostruosa ignorancia.

Porque, definitivamente, esta actividad, la política, es otra cosa.

Nada que ver con la explicación que daba y tenía este representante gubernamental, frívolo y perverso, el cual, por supuesto, fue toda su vida una pieza clave de este sistema depredador que padecemos en México, pero, que, inexorablemente, tendrá que ser suplantado por otro superior, que haga posible la felicidad de los mexicanos y de los nayaritas.

En el mismo tenor, se puede ubicar a aquella frase que circula intensamente en las redes sociales, que a la letra dice: “las putas insistimos que los políticos no son hijos nuestros”, lo cual, quiere decir, que todos los políticos son curruptos, personas indeseables, lo peor de la sociedad, mercenarios. No es así. La expresión es inexacta. Hay políticos limpios, honrados, honestos, cun una alta moral y elevada ética, que guian su acción en base a principios muy sólidos. 

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