La política tiene que ver con la estructura socioeconómica que se viva en el país. Porfirio Díaz, en la época de las haciendas, gobernaba, es decir, aplicaba la política, de distinta manera a como la aplican los gobernantes de hoy, aunque, hay algo que los identifica: representan los intereses de los propietarios privados, porque, todavía, aún, no desaparece en México, la propiedad privada sobre los instrumentos de la producción económica y del cambio.

Vayamos más al grano. En la actualidad, hay dos tipos de políticos, dos maneras de ejercer y aplicar la política. Los que defienden el sistema económico y político de hoy, y quienes luchan y trabajan todos los días para cambiarlo y transformarlo.

Los primeros, es decir, los que defienden y viven para defender a ultranza el régimen de la propiedad privada sobre los instrumentos de la producción económica y del cambio, no abrazan a la política como ciencia, sino la ven y conciben como una aventura; a éstos, no se les puede llamar políticos de verdad, genuinos y auténticos; éstos, son politicastros, aventureros de la política, mercenarios de la política, pues, viven de la política, se enriquecen y amasan cuantiosas fortunas, a la sombra del poder público.

Los segundos, esto es, aquellos que luchan y trabajan por cambiar el actual estado de cosas —siendo extremadamente injusto, autoritario y antidemocrático— para transformarlo y construir un régimen que garantice los derechos básicos de todas las personas, sin excepción, éstos, si, son los verdaderos políticos, son los que practican y ejercen la política como lo que es: una ciencia, una ciencia de verdad, tal y como lo decimos en el título inicial de estos comentarios: la ciencia más elevada del pensamiento humano. 

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