El pueblo de México tendrá que lograr los cambios que son ya una necesidad; una necesidad insoslayable. Así tendrá que ocurrir. Así está ocurriendo, ya, porque estamos en el proceso que culminará en la transformación del país.

Nadie, por poderoso que sea, o porque tenga una inteligencia privilegiada, individualmente, lo podrá lograr. El líder o los líderes, tienen que salir del pueblo, el líder o los líderes no se pueden separar del pueblo.

Se equivoca todo aquel que piense que los cambios históricos son obra de los líderes, individualmente, sin estar presente el pueblo.

Lamentablemente, hay en nuestro territorio, en este momento, quien cree que es el único, que no hay más oposición que él y su organización. Equivocación rotunda y profunda. Hay allí, ignorancia, soberbia, falta de humildad, ésta, tan necesaria e indispensable en un liderazgo, todavía más, si este abanderado es de dimensión nacional. El líder histórico, lo primero que debe tener es humildad. El dirigente, entre más fuerza social y popular tenga, más humildad debe manifestar y llevarla sobre sus hombros.

Hay personajes que manejan la idea que la historia de México empezó con ellos y terminará con ellos. Qué desfachatez. Cuánta ignorancia, en verdad. Es hasta inmoral insinuarlo. Tal concepción, sólo la pueden aludir, aquellos que nunca supieron que en el devenir de la historia hay causas y efectos y, que, justamente, son éstas, las causas y los efectos, los efectos y las causas, lo que hace y genera la historia, lo que produce los cambios sociales necesarios e inevitables.

La Reforma, no pudo ser sin el Movimiento de Independencia, como la Revolución Mexicana no puede examinarse sin los cambios logrados por Juárez, así como el gobierno del General Cárdenas, es efecto de una causa que se llama insurrección armada iniciada el 20 de Noviembre de 1910 dando como resultado la Constitución de Querétaro.

El poderoso movimiento social y político de hoy, el cual tuvo su máxima expresión en la fuerza popular manifestada en las urnas el 1 de Julio de 2012, tiene infinidad de hechos y antecedentes, donde tienen que ver, y mucho, una diversidad de acciones y líderes que aportaron y que fueron cambios que vinieron acumulandose hasta llegar a la suma alcanzada y reconocida por el árbitro de la contienda en la fecha citada en este párrafo.

Los 16 millones de sufragios reconocidos por el IFE son obra de muchos actores. No se deben solamente al personaje que figuraba como candidato a la Presidencia de la República, como algunos equivocadamente lo creen.

Aquí, hubo aportación de todos. El PRD aportó. El PT lo mismo. De igual modo Movimiento Ciudadano antes Convergencia. Igual, Morena.  Pero, también, el amplísimo abánico de fuerzas sociales, grupos y personalidades que sin estar encuadrados en alguna figura partidaria, entregaron todo su esfuerzo para que se lograra el cambio tan necesario en el país, destacando la presencia estudiantil configurado en el Yo Soy 132.

Soy de los que creen, sincera y honradamente, que quien hubiera sido el candidato de las fuerzas progresistas y de izquierda, se logra la fuerza registrada el día de la elección presidencial.

El proceso ha ido madurando. Estamos cerca de tener un país democrático, con un gobierno popular y progresista.

El árbol del capitalismo en México está por caer. Falta darle el ultimo hachazo para que caiga. En esas estamos. Para allá vamos.

En el pueblo hay ya millones de líderes para lograr la transformación del país y con la suficiente capacidad de conducir a la nación hacia estadios superiores de existencia.

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