En el puerto de San Blas, Estado de Nayarit, en la República Mexicana, estando reunidos, en un domicilio particular, pescadores, amas de casa, ejidatarios, jornaleros, obreros de la construcción, maestros, profesionistas, tres medianos empresarios y un estudiante, ante un cuestionamiento contra el socialismo que, de pronto, externó una mujer, el jóven universitario, sin pensarlo dos veces, oportuno, tajante, con gran seguridad, le respondió:

—El socialismo es lo único que funciona.

Y, en efecto, el socialismo es lo único que funciona. Algunos se asustan. No se asusten culebras. El socialismo no es el diablo, ni el infierno. Más bien, el socialismo es el cielo, es la salvación. La historia lo ha demostrado. La práctica lo ha comprobado. Los hechos allí están. El capitalismo no funcionó. El neoliberalismo fracasó.

El socialismo es el sistema que ha resuelto los derechos básicos de las personas. Ningún otro régimen lo ha hecho. El socialismo ha sido y es parejo. No discrimina ni distingue a nadie.

El socialismo maneja la filosofía que pone al hombre en el centro de toda su política, su programa y su ideología. No es el mercado. No es la oferta y la demanda. No es la ganancia, el lucro, lo que rifa. No es la concentración de la riqueza en pocas manos, lo hegemonico y prevaleciente.

En el sistema como el mexicano, la riqueza, que es producida por los trabajadores, se concentra y la acaparan pocas familias, por tanto, el pensamiento colectivo se deforma, no es el correcto, pues, la mayoría de la gente quiere ser como aquellos que han logrado reunir fortuna, es decir, la mayoría de las personas aspiran a tener dinero, a amasar fortuna personal, familiar, sin darse cuenta que al capital lo hace el trabajo y no al revés.

En el socialismo, la visión es construir mucha riqueza, pero colectiva, para que, ésta, se distribuya y reparta con equidad, con igualdad, con justicia, con democracia, para que todos alcancen los beneficios que el ser humano requiere para vivir.

Al lograr que la riqueza llegue a todos los pobladores de un país a partir de cubrir sus garantías vitales, se genera y construye una elevada conciencia comunitaria que hace al hombre pensar primero en los demás y, después, en su persona.

Cuando la prioridad del hombre son los demás, a eso se le llama la verdadera liberación de los seres y, es, eso, justamente, lo que lo hace seguro y confiado en sí mismo, pues, atrás quedó, enterrada para siempre, la explotación del hombre por el hombre, que es la más fuerte atadura, por no decir las cadenas, que mantienen secuestrados a los individuos y conglomerados populares.

Es cuando el hombre se entrega de lleno y por entero al trabajo y a la creación.

Eso es el socialismo. Por ello, el socialismo es lo único que funciona para el hombre y para los pueblos. 

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