El cambio histórico, en 1810, lo hizo el pueblo de México. En este caso, Hidalgo era el pueblo, el pueblo era Hidalgo.

De no haber sido Hidalgo, otro u otros, hubieran sido los iniciadores y dirigentes  de la gesta de Independencia que nos liberó aquella era de las cadenas extranjeras y del yugo de España.

En la época de Reforma, cuyo principal protagonista es Juárez, lo mismo, el pueblo de México fue el autor, el actor, el principal protagónista de aquella lucha decisiva para los mexicanos.

En la Revolución Mexicana, en 1910, también, el pueblo mexicano fue el artifice de aquella epopeya gloriosa y de los cambios que se plantearon como una necesidad.

Y el pueblo lo hizo y lo logró. De no haber sido Madero, con su Plan de San Luis, llamando al levantamiento armado contra la dictadura el 20 de Noviembre de aquel año, hubiera sido otro personaje, probablemente con otra acción y en otra fecha, pero la batalla contra el régimen feudal representado por el modelo económico-productivo-social-político de las haciendas, era ya un hecho y un pasaje histórico inevitable.

La parte teórica, estaba: era la de Flores Magón, en primerisimo lugar; fue lo que le dió cuerpo a la Constitución de 1917.

La parte práctica, también: la lucha estaba en las calles, en todas partes, simbolizadas aquellas singulares circunstancias, por las huelgas de Bellavista, Cananea y Río Blanco, en 1905, 1906 y 1907, respectivamente, cuyos eventos, poseyendo ya el sello obrero y sindicalista, guiados por la filosofía de la lucha de clases, están consideradas como la cuna de la Revolución de 1910, muy a pesar de lo incipiente del desarrollo industrial y que el movimiento de los trabajadores en la etapa del feudalismo y, aun tiempo después, seguía en pañales.

Sin embargo, habrá que repetirlo, las veces que sea necesario, fue el pueblo de México, las grandes masas mexicanas, las que hicieron la Revolución de 1910, incluso, en el sexenio del General Cárdenas, ejecutor de aquel programa radical y de vanguardia, plasmado en la Constitución debatida y votada en la ciudad de Querétaro y promulgada, allí mismo, el 5 de Febrero de 1917. 

En síntesis, dicho con cinco palabras: EL PUEBLO HACE LOS CAMBIOS.

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