El ejido Tetitlán, en el Municipio de Ahuacatlán, Nayarit, es afectado o, en el mejor término del caso, aporta, 18 hectáreas aproximadamente, para construir la muy sonada autopista Jala-Vallarta.

El usufructuario de esta megaobra es ya y será Carlos Slim, uno de los personajes más ricos del mundo.

El planteamiento de quién esto escribe, expuesto, explicado, desarrollado y presentado, tanto a ejidatarios del lugar, como a representantes de las distintas áreas del gobierno, es que el ejido sea socio de la empresa concesionaria que administrará y obtendrá las ganancias del proyecto, virtud a que la citada entidad perteneciente al sector social de la economía, el ejido, pone la parte más importante para hacer posible la mega y muy rentable obra, la tierra, el suelo, es decir, subrayando, 18 hectáreas, siendo éstas, del régimen de uso común.

De este modo, el ejido, los ejidatarios y sus familias, tendrían un ingreso de por vida, para siempre, ya que la autopista es para la eternidad y, dicho sea de paso, será uno de los grandes negocios habidos y por haber, existentes, en Nayarit, en razón de que serán miles y miles de vehiculos los que viajarán por ella y, por supuesto, tendrán que pagar ineludiblemente, por transitarla, tal cual, es la regla del sistema carretero de autopistas en este país.

Slim, apoyado por el gobierno, despoja a los campesinos. Les paga a precios bajisimos la tierra. En este caso, los ejidos afectados, así como los productores posesionarios de parcelas por donde pasará la autopista, deberían recibir buenos centavos por el derecho de vía e incorporarlos como socios del gran negocio, con el fin de participar de las utilidades que dejará la gigatesca transacción.

En el caso de Tetitlán, por tratarse de tierras de udo común, al ser incorporados como socios del proyecto, los 200 ejidatarios del núcleo, estarían recibiendo la parte que les corresponde, por concepto del tránsito vehicular de cada segundo, cada día, cada mes y cada año. No será poco dinero el que se gane. Será una autopista de una gran rentabilidad. Probablemente la de mayor lucratividad en el país, por el destino turistico que significa Puerto Vallarta, Nuevo Vallarta y la Riviera Nayarit.

Sería muy justo que, quienes aportan lo mero principal, la tierra, que son los campesinos, el ejido, también tengan derecho a participar de las fabulosas ganacias que resultarán del gran negocio. De otra suerte, habrá un sólo usufructuario, un sólo ganador, será un sólo personaje quién se llevará las cuantiosas utilidades, de acuerdo al esquema general planteado: uno de los hombres más ricos del mundo. Con este negocio, más rico se hará. No hay duda de eso.

Aquí se comprueba lo que se dice: “el dinero se va al dinero”, o “los ricos no tienen llena” o “el que tiene, más quiere”.

Esta injusticia e inequidad, tendrá que acabarse, tiene que terminarse algún día.

La riqueza concentrada individualmente o en poquitas manos, genera desigualdades abismales, por tanto, pobreza, hambre, gran miseria.

La riqueza distribuida democráticamente, con justicia, lleva satisfactores y felicidad a las grandes masas.

Un paso definitivo para ello, es la construcción de una poderosa economía social, sustentada en el sector social de la economía, donde se ubican los ejidos, lo cual, permitirá y promoverá y nos llevará a una mayor y mejor distribución de la riqueza, cuya asignatura la tenemos pendiente en este país, pero, es seguro, que nos resolverá el problema fundamental de México, porque eso, insistiendo, una más justa, equitativa y democrática distribución de la riqueza nacional, es lo que edificará la felicidad y alegría de la población mexicana.

 

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