Conocí, no como otros que aun viven, ni tan de cerca, al Maestro Severiano Ocegueda Peña. El poco trato que tuve con él, me deja la imagen de un personaje fuera de serie, que muestra y hereda, una muy cierta estatura histórica.

En verdad, fue mucho lo que aportó a Nayarit, al país, al mundo. En el ámbito de la pedagogía, también de la cultura, pero, sin duda, su moral y su ética, en el terreno de la política, es para que las nuevas generaciones, lo alcen como a uno de los grandes paradigmas que Nayarit aporta a México, a la América Latina y, ¿por qué no?, al mundo entero.

Otros, que estoy seguro lo harán, hablarán de lo que el Maestro Severiano aportó a la pedagogía, a la educación, a la cultura, a la poesía en su calidad de poeta inmenso como muy bien lo define Salvador Castañeda O´Connor, igual que al movimiento sindical mexicano, en particular al movimiento sindical magisterial.

Yo me quiero referir en estas breves líneas, a su humildad, a su acrisolada, inmaculada, cristalina e impecable humildad, la cual, y cuyo valor, hoy, debe ser ejemplo para todos.

Yo era muy joven. Se había concertado la alianza electoral de nuestro partido, el Partido del Pueblo Mexicano (PPM), con el Partido Comunista Mexicano (PCM), organización en la que militaba el Maestro Severiano. Para entonces, Severiano era ya Severiano, era ya una gran personalidad, ya era un gigante.

Aquellos tiempos en Nayarit, por la fuerza popular alcanzada y lograda por el poderoso movimiento encabezado y liderado por Alejandro Gascón Mercado, en este Estado, quien propuso las candidaturas de propietarios en los tres distritos electorales federales, fue nuestra membresía, el PPM, no así el PCM, que era el del registro. Para el sur de Nayarit, me propusieron como candidato propietario y al Maestro Severiano como suplente.

Me sentía incómodo. ¿Cómo un joven inexperto, desconocido, sin personalidad, era el candidato propietario y el gigante Severiano Ocegueda Peña, figuraba como candidato suplente? Era, sin duda, una desproporción. Pero, así fue. Aceptado por él, sin hipocresías ni demagogias o falsedades.

Recorrimos los dos, juntos, el distrito. Hicimos la campaña. Nunca le vi un gesto de disgusto o de rechazo a mi persona, por ser yo, el abanderado propietario, en aquella justa. Se refería siempre en sus discursos a mi persona, con respeto, hasta con reconocimiento que, para ser francos y sinceros, yo no merecía.

Esa es la estatura del Maestro Severiano. Esa era la humildad del Maestro Severiano. Hoy, tan necesaria. En este ambiente de soberbia, de autoritarismo, la humildad del Maestro Severiano nos debe guiar, es ejemplo, porque es lo que hoy en día se ocupa, es lo que se necesita, en los tiempos actuales.

En un comentario anterior, sostuve que la humildad del Maestro Severiano Ocegueda Peña, se parece mucho a la humildad de Pepe Mujica, el Presidente uruguayo, que tiene la fama mundial de ser el Presidente de la República más pobre de toda la historia universal y, claro, nos referimos a la pobreza medida en términos de bienes materiales, porque el exguerrillero hoy convertido en Jefe de Estado, carga sobre sus hombros, una gran riqueza espiritual, moral y ética, que es lo que hereda a la juventud y a la niñez del mundo. De ese perfil, del perfil de Pepe Mujica, era el Maestro Severiano Ocegueda Peña, a quien, no le importaban los bienes materiales, nunca le importó la fortuna personal. Sin embargo, hereda un gran capital moral, ético, espiritual, mismo que es invaluable y no tiene precio.

Valgan estas palabras y estas líneas, como un sincero testimonio al estarse cumpliendo cien años del nacimiento del Maestro Severiano Ocegueda Peña, originario de ese pueblito enclavado dentro del Municipio de Compostela, llamado Mazatán, en el Estado de Nayarit, perteneciente a la República Mexicana.

Estas palabras escritas, son un humilde homenaje al Maestro Severiano Ocegueda Peña, a quien tanto le debemos, indudablemente, uno de los grandes personajes de la historia nayarita.

Anuncios