La riqueza, es producida por el trabajo. El capital, no hace riqueza. El capital especula con la riqueza, hace negocio con la riqueza. Los modelos que se basan en la especulación económica y financiera, y no en la producción, lo que construyen son grandes crisis, como está ocurriendo actualmente en Grecia y España y en bastas regiones de la Unión Europea.

La riqueza, por tanto, es hecha por los trabajadores.

Aquellos sistemas, donde domina el régimen de la propiedad privada, admiten que la riqueza (insistiendo y repitiendo: producida y generada por el pueblo trabajador) se concentre en unas cuantas manos, tal cual, ocurre aquí, en México.

Y, en efecto, aquí en México, son muy poquitos los que deciden nuestra vida, entre ellos, Carlos Slim, considerado, según la lista de Forbes, uno de los hombres más ricos del mundo, cuyo personaje, junto a otros 20 o 30 magnates mexicanos, dominan la economía y las finanzas, por tanto, la política, es decir, controlan el poder en este país que lleva por nombre México y, en el cual, vivimos casi 120 millones de seres humanos.

O sea, casi 120 millones, somos dominados solo por veinte o treinta oligarcas. Y, éstos, tienen los hilos para determinar, desde el aparato del Estado, el destino de casi 120 millones de personas. Es lo inaceptable. Es lo absurdo. Es lo que debe cambiar, pero a la voz de ¡ya!

Cuando la riqueza se concentra en poquitas manos, como está ocurriendo en nuestro país, la gran mayoría vive con carencias, es decir, no viven con plenitud, no viven con felicidad, cuando ésta, la felicidad, debe ser un derecho alcanzado por todos los humanos.

Dicho de otro modo, la riqueza concentrada en poquitas manos, no permite que la gran mayoría de la población tenga sus derechos básicos y fundamentales asegurados, como son el acceso a empleo, a salario, a alimentación, a vivienda, a escuela, a servicios de salud, a cultura, a seguridad, a recreación, al descanso.

Y cuando la población no tiene seguros sus derechos básicos, vive con pobreza, o con algún nivel de pobreza, tal y como lo acaba de reconocer el CONEVAL.

De ahí, pues, que las relaciones de producción, donde se incluye el aparato del Estado, tienen que cambiar en México, para que, la riqueza, producida por los trabajadores, no se concentre en poquitas manos y sea repartida de otra manera, más justa y democrática y, así, resuelva y garantice los derechos básicos de todos los mexicanos.

En el reparto de la riqueza, está, pues, el meollo del asunto. El reparto de la riqueza es el meollo de la cuestión del poder político y económico, es el meollo respecto a la cuestión de las políticas del Estado.

Por eso luchamos: por un reparto justo de la riqueza. Luchamos para que la riqueza alcance para todos. Eso, se puede. Cambiando el régimen político. Y cambiando el régimen político, se cambia el régimen económico. Y el eje del régimen económico, es el reparto de la riqueza. Así de simple, así de sencillo.

Anuncios