No de balde, Venezuela está en la mira del imperio. Ayer, con Chávez. Hoy, con Maduro. Como decimos en el rancho: y sigue la mata dando. El problema para Estados Unidos es la Revolución. Es claro, la Bolivariana, no es una Revolución cualquiera. Va al socialismo. Sin duda de ninguna especie. Ese es el problema de los yanquis.

Ahora, para ellos, para los gringos, se pone de ojo de hormiga, se les pone más grave el asunto. El acuerdo de Petrocaribe firmado en Managua, es una estocada, casi, casi, letal. Es algo, esa es una cosa, de las más importantes que han sucedido, a lo largo de la historia de América Latina y, que, será ejemplo a seguir en el futuro, por nuestros pueblos y por todos los pueblos de la tierra.

La Revolución iniciada por Chávez, en este momento continuada por Maduro, es el dolor de cabeza del gobierno encabezado por Obama. No le ha valido para nada su campañita de agitación y conspiración contra Venezuela, emprendida personalmente por él, en vivo y en directo.

Al Presidente de Estados Unidos no le ha funcionado cargar y echar a andar, físicamente, esa estrategia macabra y tenebrosa, que tiene en el centro a Venezuela. Sigue orquestando una logística abierta contra la patria de Bolívar y Chávez. Es que allí, justamente, no exageramos al afirmar, en este presente de la historia universal, se decide el futuro no sólo del subcontinente, sino, de la humanidad entera, tal y como lo demuestra el acuerdo de Petrocaribe y del cual, hablaremos más adelante con más detalle en el cuerpo de este comentario.

Es bueno narrar aquí, y no es ocioso recordar en este segmento, que hace unas cuantas semanas atrás, Obama vino a México a legitimar lo ilegitimable, por consecuencia, a pronunciarse por la alternancia en el gobierno de dos partidos, el PRI y el PAN, uno y otro, representantes de la derecha mexicana y sostenedores del neoliberalismo asentado en las hermosas y heroícas tierras de Hidalgo y Pancho Villa.

Aquel entonces, insisto, es oportuno rememorar, Obama sostuvo con descaro (palabras más palabras menos), que aquí no hubo fraude en los comicios de julio del año pasado, 2012; que las elecciones fueron limpias y transparentes; que vivimos en este país, el de Juárez y el del General Lázaro Cárdenas (esto dicho por nosotros no por el representante del imperio), una democracia prototipo, ya que el PAN traspasó el mando al PRI por la vía del voto, según él, con orden y pulcritud. Se entiende, el jefe del Estado imperial, nunca hubiera señalado la manipulación del proceso y la compra masiva de votos.

En su cínica perorata, Obama quiso decir que en México, por tanto, seguirá la fiesta en paz y, ese, interpretando sus nefastas palabras, es el camino ininterrumpido, que debemos recorrer los mexicanos, es decir, un sexenio o dos, en manos del azul y otros seis años o doce, el timón sujeto a la suerte del tricolor y, así, hasta el infinito y la eternidad, para siempre.

Este, por añadidura, de acuerdo a las expresiones de Obama, es el sendero para los venezolanos y todos los latinoamericanos, esto es, ajustarnos, todos los pueblos y países que formamos la PATRIA GRANDE, tal y como la llamó El Libertador, al modelo de Estados Unidos, donde el Republicano y el Demócrata, dicho coloquialmente, se pasan la bolita, comparten la dirigencia del Estado imperial, cuando éstos, sin exageraciones ni extremismos, son la misma cosa: los dos son abanderados de la superpotencia más sanguinaria y criminal que ha padecido el globo terráqueo, a lo largo de todos los siglos o, tal vez, a lo largo de todos los milenios, desde que los grupos humanos empezaron a conocer y practicar y a vivir la propiedad privada sobre los instrumentos de la producción económica y del cambio.

Obama nada contra la corriente. Va en el lado opuesto y antagónico al desarrollo histórico del planeta, muy en particular de la América Latina. Nunca leyó el libro de Galeano, aquél que le regaló el Comandante Chávez. Los pueblos de NUESTRAAMERICA dicen otra cosa, han escogido y transitan ya por otra ruta, que es irreversible, es la línea de la cooperación, la solidaridad, la fraternidad, el respeto mutuo, la equidad, que es decir también, democracia popular, poder del pueblo, independencia, soberanía y, hay que puntualizarlo con palabras llanas y adecuadas, sin rodeos, al grano: la vía del socialismo. Y nadie lo dude. Porque si lo duda, se equivocará. Allí está PETROCARIBE. Para muestra, un botón.

Este fin de semana, se celebró en Managua, la VIII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Petrocaribe. Petrocaribe se fundó en Junio de 2005 por iniciativa del Presidente Chávez. A Petrocaribe pertenecen 17 países: Venezuela, Cuba, República Dominicana, Antigua y Barbuda, Bahamas, Belice, Dominica, Granada, Jamaica, Surinam, Santa Lucía, Guatemala, San Cristobal y Nieves, San Vicente y Las Granadinas, Honduras y Haití.

A propuesta del Presidente Nicolás Maduro de Venezuela, la Cumbre de Petrocaribe acordó una Zona Económica de Desarrollo Común, que se refiere, sin darle muchas vueltas, al impulso de producciones agropecuarias, del sector turismo, inversiones energéticas, de comunicación, obras de infraestructura y ciencia y tecnología. Esto quiere decir, que los países miembros, paguen la factura de petróleo venezolano con productos o alimentos. Es como la relación Cuba Venezuela: Petróleo por médicos y maestros.

Por eso, con cuanta alegría decimos que con PETROCARIBE el mundo nuevo ya se construye. Con esa filosofía, visión y estrategia deberíamos trabajar el petróleo mexicano y a nuestra gran empresa Petróleos Mexicanos, más conocida como PEMEX.

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